No existe un tratamiento único para el exceso de peso, dato que refleja la dificultad que entraña la resolución del cuadro. Se sabe que no todas las personas responden de igual forma a un tratamiento y, aun más que, también puede responder de forma distinta a un mismo tratamiento realizado en distintos tiempos. Cualquier terapia tiene que ser multidisciplinaria. El objetivo que se persigue es mejorar la salud de la persona disminuyendo los riesgos secundarios. Muchas veces el objetivo será corregir las alteraciones metabólicas, aunque la pérdida de peso no sea moderada y oscile entre un 5 y un 10%.

Las posibilidades terapéuticas pueden resumirse de la siguiente manera:

Plan Alimentario: generalmente son hipocalóricos, representan el eje central del tratamiento. Este pretende conseguir un balance energético negativo, es decir, que entren menos calorías de las que salen. La alimentación debe ser equilibrada en cuanto a nutrientes se refiere, y se debe adecuar a los gustos, costumbres, horarios, etc. del individuo. Es bueno procurar que no represente una ruptura con los hábitos alimentarios anteriores o, por lo menos, que la transición sea progresiva. Es importante que sea variada, para que el individuo no caiga en la monotonía y abandone el tratamiento.

Ejercicio Físico: el objetivo que se pretende es doble; por un lado, mantener el tono muscular y, por otro, aumentar el gasto energético. El ejercicio debe ser adecuado al estado del paciente; cuando hay exceso de peso importante es aconsejable un ejercicio poco intenso como caminar. También es bueno que la práctica del deporte se haga en compañía, para evitar el aburrimiento y con ello el cese de su práctica. El ejercicio físico cotidiano (subir escaleras, caminar, hacer la compra, etc.) ha demostrado ser el más eficaz para disminuir y mantener el peso.

Psicoterapia: el soporte psicológico es básico en el tratamiento del exceso de peso; someterse a una alimentación baja en calorías supone prescindir de numerosos hábitos de forma rápida. La frecuencia de consulta al principio debe ser cada 15 días, para posteriormente ir espaciándolas en función de la evolución. El resultado final de un tratamiento será exitoso solo si se consigue modificar la conducta alimentaria.

Fármacos: Consulte a su médico para tratamientos farmacológicos.

Cirugía Bariátrica: la cirugía está indicada en exceso de peso muy importante (IMC > 40). Con ella se consigue una disminución de peso, bien mediante la reducción del volumen del estómago o bien con técnicas de derivación gastrointestinal que reducen la absorción de los alimentos.

Las expectativas de pérdida de peso deben ser muy realistas. Pérdidas superiores al 10 ó 15% de su peso actual requieren tiempo. Esto introduce un concepto relativamente nuevo, el cual es que “el peso saludable” tiene que tomar en cuenta el “peso actual”. Es decir, el peso saludable de una persona que llega al consultorio pesando 100 kilogramos es diferente a otra que llega pesando 80 kilogramos.

Las variaciones en el peso son una agresión al organismo, el cual tratará de compensar y llega un momento que se estanca y no rebaja más. Esta situación la ha vivido cualquier paciente con exceso de peso. Un enfoque realista es tratar de que la persona pierda en el primer año de tratamiento entre, el 10 y 15% de su peso, sin importar lo que el paciente pese. Esto se correlaciona con una disminución de aproximadamente 30% del riesgo cardiovascular.

Es bueno tratar de perder peso lenta y progresivamente. El hecho de perder peso muy rápido significa que se está dejando de comer y que se está cambiando de vida muy drásticamente. Lo más probable es que no pueda mantener este hábito de por vida. Entonces ocurre que el paciente recae y vuelve a aumentar de peso.

Una pérdida de peso óptima es aproximadamente de 2 hasta 4 kilos al mes. Pérdidas mucho más allá de este punto, casi siempre conllevan al rebote del paciente.

Como punto final, para la gente que esté involucrada con este tratamiento, el reto realmente no es perder kilos, sino evitar recuperar el peso perdido.